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Mamá pobre, mamá rica
Jueves, 08 de Marzo de 2012 11:40

 

La cocina de su casa, en la ciudad de Guatemala, incubó el sueño de Leticia Hernández de convertirse en empresaria. Esta inquieta emprendedora decidió sacarle rédito a sus dotes culinarias y, así, desarrolló unos snacks hechos a base de maíz y camarón que comenzó a ofrecer en su vecindario. Pero su negocio comenzó a ponerse al dente cuando se presentó a una ronda de negocios convocada por la cadena de supermercados Walmart. Un mes más tarde su producto había sido seleccionado para ser comercializado en las tiendas.

Lejos de contentarse con tal espaldarazo, Hernández decidió ampliar su oferta y comenzó a elaborar plataninas —hojuelas de plátano verde frito—, un snack popular en Centroamérica. A diferencia de sus competidores, apuntó a fabricar productos saludables y libres de grasas hidrogenadas, tradicionalmente utilizadas por la industria para extender su tiempo de vida.

Tito Plataninas, su marca, tuvo una aceptación excepcional en las góndolas y en algunos restaurantes gourmet. A tal punto que hoy lidera el mercado guatemalteco con un participación del 51%.

Gracias al crecimiento exponencial de sus ventas pasó de tener 2 empleados a 14, la mayoría de ellas mujeres de más de 50 años, y a generar empleo indirecto a otras 10 personas más. “Todas las mujeres que hoy trabajan para la compañía se encontraban previamente desempleadas y algunas estaban pasando momentos muy duros al frente de sus hogares”, recuerda Hernández. Ahora, se prepara para conquistar otros mercados como Estados Unidos, El Salvador, República Dominicana y Panamá. “Se que mis productos irán a través de Walmart a cualquier parte del mundo”, dice.

En breve, otras emprendedoras de la región podrían estar escribiendo historias igual de exitosas. Es que el gigante de la venta minorista lanzó a mediados de 2011 la Iniciativa Global de Empoderamiento Económico de Mujeres, un ambicioso programa que busca desarrollar y fortalecer las capacidades productivas de miles de ellas, integrándolas a la cadena de compras y abastecimiento de sus operaciones mundiales.

La iniciativa planea destinar US$ 20.000 millones en los próximos cinco años para incrementar la contratación de empresas que sean propiedad de mujeres, empoderar a más de 60.000 mujeres que trabajan en la agricultura y la manufactura y ayudar a 200.000 mujeres de escasos recursos a obtener su primer trabajo en el sector minorista.

En Centroamérica, donde Walmart tiene operaciones en Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, el programa espera capacitar a 50 PyMEs y 50 mujeres en buenas prácticas agrícolas y administración; contratar y capacitar a 5.000 mujeres de comunidades rurales, y apoyar a otras 5.000 mujeres en condición de pobreza en temas de seguridad alimentaria y desarrollo económico, explica Yolanda Fernández, gerente de Asuntos Corporativos de Walmart de México y Centroamérica.

La iniciativa de Walmart es una muestra de los esfuerzos que están llevando a cabo algunas corporaciones y entidades del tercer sector para derribar las barreras que tradicionalmente han limitado el desarrollo empresarial entre las mujeres.

Derribando muros

“Los negocios de la mujer suelen ser más pequeños tanto en activos, como en ventas y número de empleados que los de los hombres”, señala Bárbara Magnoni, presidente de EA Consultores, con sede en Nueva York.

Magnoni lleva varios años estudiando el tema. Junto con Jennifer Powers, es coautora de “Dueña de tu propia empresa”, un libro publicado por el FOMIN en abril de 2010 que identifica, analiza y aporta soluciones para superar las limitaciones que enfrentan las pequeñas empresas de mujeres en América Latina y el Caribe.

En base a sus investigaciones, llegó a la conclusión de que las mujeres suelen seleccionar negocios que son de menor rentabilidad, con barreras de ingreso bastante bajas y que requieren poco capital y reducidas capacidades técnicas. También descubrió que son menos propensas a adoptar nuevas tecnologías o a desarrollar estrategias para acceder a mercados y a redes.

Además, los negocios de mujeres crecen a ritmo más lento. Por lo general, se encargan de ciertas responsabilidades familiares —como educación, salud, alimentación o vestimenta—, lo que muchas veces genera la disyuntiva de tener que decidir entre invertir tiempo y dinero en su negocio o en su hogar.

Soluciones a la carta

La especialista considera que los préstamos típicos que hoy disponen las mujeres, aquellos destinados a capital de trabajo que ofrecen las instituciones de microfinanzas, no están resultando suficientes para que sus negocios crezcan.

Una opción para paliar esta situación podrían ser los préstamos en especies. David McKenzie, un investigador del Banco Mundial, realizó recientemente un estudio donde a ciertas mujeres se les otorgó créditos en efectivo y a otras, insumos para sus emprendimientos. “En el primer grupo, los negocios no crecieron. Pero en el segundo, sí hubo una mejora en la rentabilidad y un crecimiento”, explica Magnoni.

Las mujeres empresarias suelen recurrir a créditos con menos frecuencia, piden montos más reducidos y dependen de fuentes de financiamiento mas informales. Por ello, cuando buscan convertir sus micronegocios en pequeñas empresas deben enfrentar escollos importantes. Uno de ellos es que sus activos resultan insuficientes para actuar como colateral de préstamos individuales. “Se tiene que innovar con otras formas de garantías o con nuevos tipos de análisis de riesgos que permitan el acceso al crédito”, dice Magnoni.

Una alternativa que apunta a esta dirección es el análisis psicométrico, que a través de cuestionarios autoadministrados permite determinar el perfil de riesgo de microempresas y pymes. Por su alta capacidad de predecir comportamiento de pagos y su bajo costo de transacción podría reemplazar el requisito de la garantía. Entrepreneurial Financial Lab (EFL), una empresa spin-off de la Universidad de Harvard, desarrolló un sistema de scoring que ha demostrado ser exitoso en Africa y que actualmente está siendo testeado en América Latina. “Esperemos que esta herramienta pueda funcionar bien en la region y especialmente entre las mujeres”, señala Nancy Lee, gerenta general del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), parte del Grupo BID.

Una segunda opción podría ser la que Pro Mujer está implementando en algunos países de la región. “A las mujeres que tienen un buen historial de pago en préstamos de banca comunal les estamos ofreciendo créditos individuales”, explica Jenny Hourihan, directora de Finanzas de esta entidad con operaciones en Perú, Bolivia, México, Nicaragua y Argentina. Aquí el track record reemplaza a las garantías tradicionales.

Para María Aminta Quirce, directora de Banca Mujer del Banco Nacional de Costa Rica, las entidades gubernamentales también podrían jugarsu rol para suplir la falta de garantías que afecta a las empresarias latinoamericanas “En nuestros país contamos con dos instituciones que ofrecen este tipo de colaterales, uno a cargo del Instituto Mixto de Ayuda Social y otro del sistema de banca de desarrollo”, explica.

El ahorro puede ser otra fuente de capital alternativa para la expansión de los negocios de mujeres. Por lo general, estas tienen niveles de ahorro inferiores porque sus ganancias comerciales son menores y porque, además, suelen utilizar estas reservas para cubrir gastos domésticos.

“Hay que facilitar formas de ahorro que sean factibles para este tipo de clientes. Hay muchas presiones familiares y de consumo”, dice Hourihan. Otra opción sería involucrar más al hombre en los gastos del hogar y de educación para que la mujer pueda disponer de mayores fondos, agrega Magnoni.

Los especialistas sostienen que existe margen para desarrollar productos finanancieros diseñados específicamente para las mujeres empresarias no sólo en ahorro, si no también en créditos. Por ejemplo, préstamos con menores tasas de interés y mayores plazos permitirían a las mujeres expandir sus microemprendimientos hasta llegar a convertirse en pequeñas empresas.

Kiyosaki se busca

“En América Latina, necesitamos conocer más casos de mujeres exitosas, no tenemos muchos ejemplos que nos enseñen a adquirir las cualidades necesarias para llevar una empresa en forma exitosa, a motivarnos y empoderarnos”, resalta Magnoni. Replicar algunos programas de voluntariado, muy desarrollados en Estados Unidos, donde mujeres mentoras brindan apoyo y actúan como consejeras en distintas etapas del desarrollo de un negocio, podría ser un aporte en esta dirección.

“Así cómo “Papá Rico, Papá Pobre” fue uno de libros de finanzas personales más exitosos, necesitamos un “Mamá Rica, Mamá Pobre” de los negocios de mujeres”, dice. ¿Quién se animará a convertirse en el Robert Kiyosaki de las emprendedoras latinoamericanas? Miles de ellas estarán deseosas de convertirlo en el próximo bestseller.